jueves, 15 de noviembre de 2012

Ezequiel Zamora

Ezequiel Zamora Militar y político venezolano (Cua, Miranda, 1817 – San Carlos, Cojedes, 1860). Hijo de Alejandro Zamora y de Paula Correa, Ezequiel Zamora recibió una escasa educación. Durante su juventud, su cuñado, el alsaciano Juan Cáspers, lo instruyó sobre la situación social y los movimientos políticos europeos; otro tanto hizo el abogado José María García, quien le dio nociones de filosofía, historia universal y derecho romano. Ezequiel Zamora se estableció en Villa de Cura, Estado Aragua, donde abrió una tienda de víveres, y pronto amplió el negocio con el comercio ganadero y agrícola, en las poblaciones vecinas de los Estados Guárico y Apure. La lucha por el poder dividió al grupo político dirigente del país, entre el oficialismo, agrupado en torno al general José Antonio Páez, y el liberalismo de Antonio Leocadio Guzmán, que fundó en 1840 el Partido Liberal y su vocero El Venezolano, a través del cual difundía las ideas liberales. Zamora se convirtió en dirigente regional del naciente partido, y en lector y difusor de la prensa de oposición. La crisis imperante se agudizó a partir de 1843, por lo que los alzamientos espontáneos de los campesinos llevarían a Zamora a asumir su liderazgo. En 1846 encabezó un levantamiento en la localidad de Gumba, bajo las consignas de «tierra y hombres libres», respeto al campesino, eliminación de los godos y justa distribución de la riqueza, siendo conocido como «General del Pueblo Soberano». Al mando de un ejército campesino libró varios combates victoriosos; capturado, fue condenado a muerte pero se salvó al fugarse de la cárcel. El presidente José Tadeo Monagas le conmutó la pena, enviándolo al ejército que combatía a los grupos paecistas alzados en armas; Zamora demostró su valor y talento en las batallas de San Carlos, Cabimas, Quisiro y Barinas. Se unió a la Guerra Federal iniciada en Coro en 1859 y dirigida por el general Juan Crisóstomo Falcón. Su ascendencia militar sobre las tropas le permitió desarrollar una campaña exitosa contra las fuerzas centralistas. Obtuvo diversas victorias, y en San Felipe reorganizó la provincia como una entidad federal con el nombre de Estado Yaracuy; continuó hasta Barinas, donde en 1859 recibió el título de Valiente Ciudadano. Triunfante en la decisiva batalla de Santa Inés, Zamora se dirigió en 1859 hacia el centro del país; en el asalto de la ciudad de San Carlos recibió un balazo en la cabeza que le causó la muerte. Inicio Buscador Índi

ANDRÉS BELLO

ANDRÉS BELLO (1781 – 1865) Nació en Caracas, Venezuela el 29 de noviembre de 1781. Su formación cultural se vio influenciada por hechos como el de haber sido educado por sacerdotes, haberse relacionado con enciclopedistas y haber tenido ilustres amigos como Humboldt. De su brillante curriculum se conoce que dio lecciones gratuitas de geografía a Bolívar, dos años menor que él. Fue enviado con Bolívar y López Méndez a gestionar el apoyo inglés en 1810, se quedó en Londres, donde vivió dando lecciones de latín y castellano hasta 1822, en que obtuvo el nombramiento de secretario interino de la legación de Chile, y después, el de secretario de la de Colombia; en 1829 se trasladó a Santiago de Chile, donde fue rector de la Universidad Nacional e influyó decisivamente en el desarrollo cultural del país. Este venezolano, quien tanto hizo por la educación pública en Chile, personifica las orientaciones y personificaciones de una cultura hispanoamericana independiente. Sus dos poemas fundamentales los publicó en las revistas que editó en Londres: en la "Biblioteca Americana", su "Alocución a la Poesía", parte de una composición que debió titularse "América" y que no llegó a la realidad; en su "Repertorio Americano", la "Silva a la agricultura de la Zona Tórrida"; ya en sus primeras poesías se advierte la influencia de Virgilio y la orientación neoclásica que no abandonaría nunca el poeta, a pesar de ciertas chispas de romanticismo. Sus silvas a la poesía y a la agricultura constituyen el grito de la independencia literaria hispanoamericana; la guerra se ganó, hay que construir la paz en una dedicación constante al cultivo del espíritu y del campo de América; las lecciones de Virgilio y los consejos de Humboldt se conjugan para una realización neoclásica, didáctica y descriptiva. La inquietud del poeta neoclásico por el romanticismo lo lleva a intentos singulares, como el de la "Pière pour tous" de Víctor Hugo pero en versión española que intituló "Oración para todos" publicada en 1830, de la cual hay quienes afirman que no es una traducción sino una adaptación superior al original. La reconstrucción del "Poema del Cid" nos presenta la imagen del erudito moderno que supo captar y asimilar el tono europeo con sencillez y elegancia espiritual; los "Principios de Derecho de Gentes", de 1847, nos presentan al jurista capaz y preparado que se desempeña certeramente en la política internacional. Quizás el aspecto más perdurable de su personalidad es el de filólogo, el obras como la ya citada del "Cid", sus "Principios de Ortología" y sobre todo "Gramática Castellana", obra de sencillez revolucionaria impregnada de la intuición genial de Andrés Bello. La Real Academia Española de la Lengua lo nombró miembro honorario en 1851; Hispanoamérica lo considera un caudillo intelectual de su independencia y lo venera como maestro de las generaciones modernas hispanoamericanas. Murió en Santiago de Chile en 1865.

Simón Rodríguez

Simón Rodríguez Pedagogo y escritor venezolano, nacido en Caracas en 1771 y fallecido en Amotape, Perú, en 1854. Maestro de Simón Bolívar, sus inquietudes e ideas reformadoras influyeron poderosamente en la formación de El Libertador, según él mismo reconoció. Simón Rodríguez se llamaba realmente Simón Carreño Rodríguez, pero prescindió del primer apellido a raíz de una desavenencia con su hermano Cayetano, músico de profesión. Por sus actividades conspiradoras, tuvo que emigrar en 1794 y cambió su nombre (Samuel Róbinson). La teatralidad de su existencia contrasta con su sentido estricto de la honestidad y la trascendencia renovadora de sus ideas pedagógicas y sociales. Tuvo a su cuidado la educación del niño Simón Bolívar hasta los catorce años, y en 1804, cuando el maestro se encontraba en Viena, se le presentó el discípulo, que lo acompañó por Europa. Se dice que desde el Monte Sacro, en Roma, Simón Rodríguez hizo jurar a su discípulo que dedicaría su vida a luchar por la independencia de su patria. Sea ello cierto o no, forma parte de la teatralidad ritual que tanto influyó en el alma de Bolívar. Después del triunfo de El Libertador, Simón Rodríguez fue director e inspector general de Instrucción Pública y Beneficencia, y organizó escuelas, pero su inquietud y su carácter no lo dejaron nunca asentar, mal que se agravó tras la muerte de Bolívar, cuando el maestro fue rodando hasta su avanzada ancianidad por Chile, Ecuador, Colombia y Perú, donde murió. Pedagogo influido por Rousseau y Saint-Simon, Sinón Rodríguez fue un reformador intuitivo. Dejó un legado de trabajos sueltos, de menor importancia que su personalidad, entre los que merecen citarse El Libertador del Mediodía de América y sus compañeros de armas, defendidos por un amigo de la causa social; El suelo y sus habitantes; Extracto sucinto sobre la educación republicana; Consejos de amigo dados al Colegio de Latacunga y Crítica de las providencias del gobierno.

Mahatma Gandhi

Entre los grandes teóricos que modificaron la configuración política e ideológica del mundo en el siglo XX, figura este hombre de austeridad inflexible y absoluta modestia, que se quejaba del título de Mahatma ('Gran Alma') que le había dado, contra su voluntad, el poeta Rabindranath Tagore. En un país en que la política era sinónimo de corrupción, Gandhi introdujo la ética en ese dominio a través de la prédica y el ejemplo. Vivió en una pobreza sin paliativos, jamás concedió prebendas a sus familiares, y rechazó siempre el poder político, antes y después de la liberación de la India. Este rechazo convirtió al líder de la no-violencia en un caso único entre los revolucionarios de todos los tiempos. El descubrimiento de Oriente Mohandas Karamchand Gandhi nació el 2 de octubre de 1869 en un remoto lugar de la India, en la ciudad costera de Porbandar, del distrito de Gujarat. Éste era entonces un mosaico de minúsculos principados, cuyos gobernantes tenían un poder absoluto sobre la vida de sus súbditos. Su padre, Karamchand Gandhi, era el primer ministro de Porbandar y pertenecía a la casta de los banias, mercaderes de proverbial astucia y habilidad en el comercio. Su madre, llamada Putlibai, procedía de la secta de los pranamis, quienes mezclaban el hinduismo con las enseñanzas del Corán. Era una mujer profundamente religiosa y austera que dividía su tiempo entre el templo y el cuidado de los suyos, amén de practicar frecuentes ayunos. En la formación espiritual de Mohandas, que sentía un ilimitado amor por sus padres, además de la adoración a la diosa Visnú que profesaba la familia, concurrieron una serie de culturas y credos amalgamados: el hindú, el musulmán, el jain. Este último tuvo especial influencia en su filosofía: los jains practicaban la no-violencia no sólo con los animales y los seres humanos, sino incluso con las plantas, los microbios, el agua, el fuego y el viento. Ejemplo típico de tardía genialidad, Mohandas fue un adolescente silencioso, retraído y nada brillante en los estudios, que pasó sin llamar la atención por las escuelas de Rajkot. A los trece años, siguiendo la costumbre hindú, lo casaron con una niña de su edad llamada Kasturbai, de quien estaba prometido desde los seis años sin saberlo. El joven esposo se enamoró apasionadamente de la muchacha, y por hacer el amor con ella abandonó el lecho de su padre moribundo la misma noche en que éste murió. El suceso dejó una culpa imborrable en Gandhi, que más tarde se declararía en contra del matrimonio entre niños y a favor de la continencia sexual. Como sus calificaciones no mejoraron en el instituto, la familia decidió enviarlo a Londres para seguir los cursos de abogacía del Inner Temple, cuyas exigencias eran menores que las de las universidades indias. Con tanto miedo como excitación, el muchacho se embarcó en Bombay en septiembre de 1888. Tenía diecinueve años y acababa de ser padre por primera vez. Antes de partir había prometido solemnemente a su madre no seguir la costumbre inglesa de comer carne, dado que el visnuismo lo prohibía. Varias veces en su adolescencia había transgredido tal norma, impulsado por un amigo que le aconsejaba la carne para parecerse en fortaleza a los ingleses. En Londres vivió tres años, entre 1888 y 1891, período en que se produjo uno de los hechos más determinantes de su vocación: el descubrimiento de Oriente a través de Occidente. En efecto, en la capital inglesa comenzó a frecuentar a los teósofos, quienes lo iniciaron en la lectura del primer clásico indio, el Bhagavad Gita, al que llegaría a considerar «el libro por excelencia para el conocimiento de la verdad». También allí entró en contacto con las enseñanzas de Cristo, y durante un tiempo se sintió tan atraído por la ética cristiana que dudó entre ésta y el hinduismo. De esa época son sus intentos de sintetizar los preceptos del budismo, el cristianismo, el islamismo y su religión natal, a través de lo que señaló como el principio unificador de todos ellos: la idea de renunciación. En estos años decisivos para su formación intelectual leyó a Tolstói, en quien más tarde encontraría el guía para el perfeccionamiento de la práctica y la teoría de la no-violencia. Y cuando regresó a la India con el título de abogado, lo hizo con sus señas de identidad orientales: había ido en busca de la sabiduría occidental y retornaba con el secreto que había hecho sabios a los hindúes. Los primeros experimentos de la resistencia gandhista Al volver a Porbandar encontró a su familia desintegrada: la madre había muerto poco antes y los Gandhi habían perdido toda influencia en la corte principesca. Como abogado no halló muchas perspectivas, ya que su primera actuación profesional terminó en un humillante fracaso, pues enmudeció al dirigirse al tribunal y no pudo continuar. Fue entonces cuando una factoría comercial musulmana le ofreció un contrato para atender un caso de la empresa en Durban, y Gandhi no dejó pasar la oportunidad. Se embarcó hacia Sudáfrica en 1893. En el país de los antiguos colonos holandeses vivía una colonia hindú formada en su mayoría por trabajadores, a quienes los ingleses llamaban despectivamente sami. Carecían de todo derecho, se les despreciaba y discriminaba racialmente, como pudo comprobar en carne propia el joven abogado durante algunos de sus viajes en ferrocarril. Pero la situación era más grave aún de lo que parecía. Terminado su trabajo, Gandhi estaba a punto de regresar a la India cuando se enteró de la existencia de un proyecto de ley para retirar el derecho de sufragio a los hindúes. Decidió entonces aplazar la partida un mes para organizar la resistencia de sus compatriotas, y el mes se convirtió en veintidós años. Gandhi Durante esa larga etapa de su vida, su mayor preocupación fue la liberación de la comunidad india, y en ella fue dando forma a las armas de lucha que más tarde utilizaría e su país. En los primeros años, convencido de las buenas intenciones del colonialismo británico, abrió un bufete para defender a sus compatriotas ante los tribunales en Johannesburgo y se propuso articular un movimiento dedicado a la agitación por medios legales. Fundó el periódico "The Indian Opinion", para aglutinar a la comunidad india y, como instrumento de agitación legal, creó el Congreso Indio de Natal. Sus simpatías anglófilas le llevaron durante la guerra contra los bóers a organizar el Cuerpo Indio de Ambulancias, acción que mereció duras críticas por parte de los nacionalistas indios. A partir de 1904 la actividad de Gandhi sufrió un cambio notable: después de leer la crítica del capitalismo contenida en "Unto The Last", de John Ruskin, modificó su estilo de vida y pasó a llevar una sencilla existencia comunitaria en las afueras de Johannesburgo donde fundó una comuna llamada Tolstói. En esa época bosquejó la teoría del activismo no-violento, que puso en marcha por primera vez para oponerse a la ley de registro. Esta ley obligaba a todos los indios a inscribirse en un registro especial con sus huellas dactilares. Gandhi ordenó a sus compatriotas que no se inscribieran, que comerciaran en las calles sin licencia y, más tarde, que quemaran sus tarjetas de registro frente a la mezquita de Johannesburgo. Como muchos de sus seguidores, fue a parar a la cárcel varias veces, pero el movimiento de resistencia civil obtuvo varios éxitos parciales. En 1913 la protesta contra un impuesto considerado injusto se tradujo en una marcha a través del Transvaal, hasta Natal. Al año siguiente las autoridades británicas dieron marcha atrás con dicho impuesto y autorizaron a los asiáticos a residir en Natal como trabajadores libres. La victoria parecía total, y Gandhi, que había abandonado las vestimentas europeas en señal de protesta, partió definitivamente de Sudáfrica con su mujer y sus hijos. A largo plazo todos los logros de la comunidad india se perdieron y las autoridades de aquel país endurecieron aún más su política racista, pero Sudáfrica había sido el banco de pruebas donde Gandhi desarrolló y comprobó las tácticas que más tarde habría de utilizar en su tierra natal. El Mahatma Gandhi llegó a la India en 1915 como un verdadero héroe, con la aureola de sus campañas en el extranjero. Las masas de Bombay le tributaron un caluroso recibimiento, el gobernador inglés acudió a saludarlo y el poeta Rabindranath Tagore le dio la bienvenida en su Universidad Libre de Santiniketan. A poco de llegar, en la ciudad de Ahmedabad fundó una comunidad casi monástica en la que estaban prohibidas las vestimentas extranjeras, las comidas con especias y la propiedad privada. Sus miembros se dedicaban únicamente a dos trabajos materiales: la agricultura, para obtener el sustento, y el tejido a mano, para procurarse el abrigo. Aquí dio comienzo a una lucha que Gandhi habría de sostener durante toda su vida: la batalla contra las lacras del hinduismo y a favor de los intocables. El primer paso fue admitirlos como miembros de la comunidad. En esos primeros años Gandhi abandonó toda agitación política a fin de apoyar los esfuerzos bélicos de Gran Bretaña en la Primera Guerra Mundial, llegando incluso al reclutamiento de soldados para el ejército inglés. Su entrada en la política india no se produjo hasta febrero de 1919, cuando la aprobación de la Ley Rowlatt, que establecía la censura y señalaba duras penas para cualquier sospechoso de terrorismo o sedición, le abrió los ojos acerca de las verdaderas intenciones de los imperialistas ingleses en su país. Gandhi pasó entonces a encabezar la oposición a la ley. Organizó una campaña de propaganda a nivel nacional mediante la no-violencia, que comenzó con una huelga general. Ésta pronto se extendió a todo el país y las protestas se sucedieron en las principales ciudades, donde se registraron algunos focos de violencia pese a la insistencia del líder en el carácter pacífico de las manifestaciones. Cuando acudía a Delhi a apaciguar la población, Gandhi fue detenido. Días después, el 13 de abril, el brigadier general Dyer ordenaba disparar a sus gurkas sobre la multitud reunida en el Jallianwala Bagh de la ciudad de Amritsar. La dominación inglesa había mostrado su verdadero rostro sanguinario y brutal: casi cuatrocientas personas fueron asesinadas y otras miles heridas. Pero las autoridades británicas se vieron obligadas a reconsiderar sus tácticas y la Ley Rowlatt jamás entró en vigor. En los años siguientes a la masacre de Amritsar, Gandhi se convirtió en el líder nacionalista indiscutido, alcanzando la presidencia del Congreso Nacional Indio -partido fundado por Alan Octavius Hume en 1885-, que él supo convertir en un instrumento efectivo en pro de la independencia. De una agrupación de las clases medias urbanas, pasó a ser una organización de masas enraizada en los pueblos y en el campesinado. Se pusieron en marcha las grandes campañas de desobediencia civil, que iban desde la negativa masiva a pagar impuestos hasta el boicot a las autoridades. Miles de indios llenaron las cárceles y el mismo Gandhi fue detenido en marzo de 1922. Diez días más tarde comenzaba «el Gran Juicio», en que el Mahatma se declaró culpable y consideró la sentencia a seis años de prisión como un honor, con lo que la sesión terminó con una reverencia mutua entre juez y acusado. Cuando salió de la cárcel -una apendicitis hizo que las autoridades coloniales lo liberaran en 1924-, encontró que el panorama político se había modificado en su ausencia: el Partido del Congreso se había dividido en dos facciones y la unidad entre hindúes y musulmanes, conseguida con el movimiento de desobediencia civil, había desaparecido. Gandhi decidió entonces retirarse de la política, para vivir como un anacoreta, en absoluta pobreza y buscando el silencio como fuerza regenerativa. Retirado en su Ashram se convirtió en esos años en el jefe espiritual de la India, en el dirigente religioso de fama internacional que muchos occidentales en busca de la paz espiritual trataban como un gurú. Su retiro finalizó de manera brusca en 1927, cuando el gobierno británico nombró una comisión encargada de la reforma de la Constitución, en la que no participaba ningún nativo. A la cabeza de la lucha política, Gandhi consiguió que todos los partidos del país hicieran el boicot a dicha comisión. Poco después, la huelga de Bardoli, en apoyo a la negativa a pagar impuestos, terminaba en un éxito total. La victoria del movimiento animó al Congreso a declarar la independencia de la India, el 26 de enero de 1930, y se encargó al Mahatma la dirección de la campaña de no violencia para llevar a la práctica la resolución. Éste eligió como objetivo de la misma el monopolio de la sal que afectaba particularmente a los pobres-, y partió de Sabartami el 12 de marzo con 79 voluntarios con rumbo a Dandi, población costera distante 385 kilómetros. El pequeño movimiento se extendió como las olas de un estanque hasta alcanzar toda la India: los campesinos sembraban de ramas verdes los caminos por donde pasaría ese hombre pequeño y semidesnudo, con un bastón de bambú, camino del mar y al frente de un enorme ejército pacífico. El día del aniversario de la masacre de Amritsar, Gandhi llegó a orillas del mar y cogió un puñado de sal. Desde ese momento la desobediencia civil fue imparable: diputados y funcionarios locales dimitieron, los prohombres locales abandonaron sus puestos, los soldados del ejército indio se negaron a disparar sobre los manifestantes, las mujeres se adhirieron al movimiento, mientras los seguidores de Gandhi invadían pacíficamente las fábricas de sal. Nehru y Gandhi La campaña terminó con un pacto de compromiso entre Gandhi y el virrey de su majestad británica, en virtud del cual se legalizaba la producción de sal y se liberaban los cerca de 100.000 presos detenidos durante las movilizaciones. Por otra parte, Gandhi era enviado a Londres para participar en la conferencia que discutía los pasos a seguir para establecer un gobierno constitucional en la India. La presencia del Mahatma en Inglaterra, al margen de la gran acogida popular que le dispensaron los barrios londinenses, no supuso resultados favorables para la causa, y al regresar a su país se encontró con que Nehru y otros líderes del Congreso se hallaban una vez más en prisión. Hacia la independencia Varias veces en su vida Gandhi recurrió a los ayunos como medio de presión contra el poder, como forma de lucha espectacular y dramática para detener la violencia o llamar la atención de las masas. La falta de humanidad del sistema de castas, que condenaba a los parias a la absoluta indigencia y ostracismo, hizo que Gandhi convirtiera la abolición de la intocabilidad en una meta fundamental de sus esfuerzos. Y desde la prisión de Yervada, donde había sido confinado nuevamente, realizó un «ayuno hasta la muerte» en contra de la celebración de elecciones separadas de hindúes y parias. Ello obligó a todos los líderes políticos a acudir junto a su lecho de prisionero para firmar un pacto con el consentimiento inglés. La labor de «pedagogía popular» para curar a la sociedad hindú de sus llagas no terminó aquí. Distanciado del Congreso ante la decepción que le provocaban las maniobras de los políticos, se dedicó a visitar pueblos lejanos, insistiendo en la educación popular, en la prohibición del alcohol, en la liberación espiritual del hombre. El estallido de la Segunda Guerra Mundial fue el motivo de que Gandhi, una vez más, retornara al primer plano político. Su oposición al conflicto bélico era absoluta y no compartía la opinión de Nehru y otros líderes del Congreso, proclives a apoyar la lucha contra el fascismo. Pero la decisión del virrey de incorporar el subcontinente a los preparativos bélicos de Gran Bretaña sin consultar con los políticos locales, clarificó las aguas, provocando la dimisión en masa de los ministros pertenecientes al Congreso. Tras la toma de Rangún por los japoneses, Gandhi exigió la completa independencia de la India, para que el país pudiera escoger libremente sus decisiones. Al día siguiente, el 9 de agosto de 1942, era arrestado junto a otros miembros del Congreso, lo que produjo una sublevación en masa de los nativos, seguida por una serie de revueltas violentas en todo el territorio indio. Ésta fue la última prisión del Mahatma y quizá la más dolorosa, porque desde su presidio en Poona se enteró de la muerte de su mujer, Kasturbai. Era ya un anciano frágil y debilitado cuando salió en libertad en el año 1944. Finalizada la guerra, y tras la subida al poder de los laboristas en Inglaterra, Gandhi desempeñó un rol fundamental en las negociaciones que llevaron a la liberación. Sin embargo, su postura opuesta a la partición del subcontinente nada pudo contra la determinación del líder de la Liga Musulmana, Jinnah, defensor de la separación del Pakistán. Dolido por lo que consideró una traición, en 1946 el Mahatma vio con horror cómo los antiguos fantasmas indios resurgían durante la celebración del Nombramiento de Nehru como primer jefe de gobierno, que fue pretexto de violentos disturbios motivados por la pugna entre hindúes y musulmanes. Gandhi se trasladó a Noakhali, donde habían comenzado los enfrentamientos, y caminó de pueblo en pueblo, descalzo, tratando de detener las masacres que acompañaron a la partición en Bengala, Calcuta, Bihar, Cachemira y Delhi. Pero sus esfuerzos sólo sirvieron para acrecentar el odio que sentían por él los fanáticos extremistas de ambos pueblos: los hindúes atentaron contra su vida en Calcuta y los musulmanes hicieron lo propio en Noakhali. Durante sus últimos días en Delhi llevó a cabo un ayuno para reconciliar a las dos comunidades, lo cual afectó gravemente su salud. Aun así, apareció de nuevo ante el público unos días antes de su muerte. El 30 de enero de 1948, cuando al anochecer se dirigía a la plegaria comunitaria, fue alcanzado por las balas de un joven hindú. Tal como lo había predicho a su nieta, murió como un verdadero Mahatma, con la palabra Rama ('Dios') en sus labios. Como dijo Einstein, «quizá las generaciones venideras duden alguna vez de que un hombre semejante fuese una realidad de carne y hueso en este mundo». cronologia 1869 Nace en Porbandar, India. 1882 Contrae matrimonio con Kastubai Nakanj. 1888 Primer viaje a Inglaterra. 1891 Obtiene el título de abogado y regresa a la India. 1893 Se traslada a Sudáfrica, en donde trabaja a favor de los indios residentes en ese país. 1915 En la India de nuevo, se une al movimiento nacional indio. 1919 Masacre de Amritsar. 1922 Primera campaña de desobediencia civil. Es condenado a prisión. 1930 Marcha de la sal. 1931 Viaje a Londres para participar en la Conferencia de la Mesa Redonda. 1933 Campaña a favor de los intocables. 1940 Boicot a la intervención india en la guerra. 1947 Independencia de la India. Separación de Pakistán. 1948 Muere asesinado por un fanático hindú en Nueva Delhi. La figura de Gandhi suele asociarse con la resistencia pacífica y la no-violencia. En efecto, este líder político indio demostró que el pacifismo era un instrumento viable para alcanzar objetivos políticos ambiciosos y que la independencia de la India era posible sin necesidad de derramamientos de sangre. Gandhi predicó la concordia y la no-violencia en un siglo convulsionado por dos guerras mundiales. Gandhi fue líder nacionalista, pero, por encima de todo, fue un defensor de la igualdad y la justicia. Luchó con gran ímpetu tanto para lograr la independencia de la India como para acabar con las desigualdades que padecía la sociedad de su país. En una sociedad tan estratificada como la india, se puso del lado de los intocables -casta privada de todo derecho- y predicó la admisión de todos los individuos como miembros de la sociedad. Sus ambiciones trascendían el ámbito estrictamente político: más allá de la liberación de su país y la transformación social, abogó por el perfeccionamiento espiritual del hombre. Dibujo de A. Seuron Durante su vida, Gandhi conoció éxitos y sufrió fracasos. Vio cómo su estrategia de la no-violencia posibilitaba la independencia de su nación. Sin embargo, pudo constatar que su país estaba radicalmente dividido entre hindúes y musulmanes, y fue testigo de la separación de Pakistán de la India. Sin embargo, el pensamiento y las actitudes de Gandhi sirvieron de ejemplo para los distintos movimientos pacifistas que surgieron en todo el mundo tras la Segunda Guerra Mundial. Ahora bien, Gandhi también se convirtió en un punto de referencia para los líderes nacionalistas de Asia y África. Demostró que los movimientos independentistas podían enfrentarse con éxito a las potencias coloniales, para liberar a su países del yugo europeo. La independencia de la India dio un impulso importante al proceso de descolonización de Asia y África en la segunda mitad del siglo XX. Aún en nuestros días la figura de Gandhi continúa despertando fascinación. Su aspecto frágil y sereno, su sobria túnica blanca y sus ideales pacifistas han ayudado a otorgarle una cierta aura mítica. Por este motivo, no es de extrañar que su vida haya sido recreada en diversas series de televisión y películas. Es particularmente célebre el filme Gandhi (1982), de Richard Attenborough, en el que Ben Kingsley interpretaba al célebre activista indio.

Ernesto Guevara

Che Guevara [Ernesto Guevara] Revolucionario iberoamericano (Rosario, Argentina, 1928 - Higueras, Bolivia, 1967). Ernesto Che Guevara nació en una familia acomodada de Argentina, en donde estudió Medicina. Su militancia izquierdista le llevó a participar en la oposición contra Perón; desde 1953 viajó por Perú, Ecuador, Venezuela y Guatemala, descubriendo la miseria dominante entre las masas de Iberoamérica y la omnipresencia del imperialismo norteamericano en la región, y participando en múltiples movimientos contestatarios, experiencias que le inclinaron definitivamente a la ideología marxista. En 1955 Ernesto Che Guevara conoció en México a Fidel Castro y a su hermano Raúl, que preparaban una expedición revolucionaria a Cuba. Guevara trabó amistad con los Castro, se unió al grupo como médico y desembarcó con ellos en Cuba en 1956. Instalada la guerrilla en Sierra Maestra, Guevara se convirtió en lugarteniente de Castro y mandó una de las dos columnas que salieron de las montañas orientales hacia el Oeste para conquistar la isla. Participó en la decisiva batalla por la toma de Santa Clara (1958) y finalmente entró en La Habana en 1959, poniendo fin a la dictadura de Batista. Ernesto Che Guevara El nuevo régimen revolucionario concedió a Guevara la nacionalidad cubana y le nombró jefe de la Milicia y director del Instituto de Reforma Agraria (1959), luego presidente del Banco Nacional y ministro de Economía (1960) y, finalmente, ministro de Industria (1961). Buscando un camino para la independencia real de Cuba, se esforzó por la industrialización del país, ligándolo a la ayuda de la Unión Soviética, una vez fracasado el intento de invasión de la isla por Estados Unidos y clarificado el carácter socialista de la revolución cubana (1961). En aquellos años, Guevara representó a Cuba en varios foros internacionales, en los que denunció frontalmente el imperialismo norteamericano. Su inquietud de revolucionario profesional, sin embargo, le hizo abandonar Cuba en secreto en 1965 y marchar al Congo, donde luchó en apoyo del movimiento revolucionario en marcha, convencido de que sólo la acción insurreccional armada era eficaz contra el imperialismo. Relevado ya de sus cargos en el Estado cubano, el Che Guevara volvió a Iberoamérica en 1966 para lanzar una revolución que esperaba fuera de ámbito continental: valorando la posición estratégica de Bolivia, eligió aquel país como centro de operaciones para instalar una guerrilla que pudiera irradiar su influencia hacia Argentina, Chile, Perú, Brasil y Paraguay. El Che, mito revolucionario Al frente de un pequeño grupo intentó poner en práctica su teoría, según la cual no era necesario esperar a que las condiciones sociales produjeran una insurrección popular, sino que podía ser la propia acción armada la que creara las condiciones para que se desencadenara un movimiento revolucionario (Guerra de guerrillas, 1960; Recuerdos de la guerra revolucionaria, 1963). Sin embargo, su acción no prendió en las masas bolivianas; por el contrario, aislado en una región selvática en donde padeció la agudización de su dolencia asmática, fue delatado por campesinos locales y cayó en una emboscada del ejército boliviano en la región de Valle Grande, donde fue herido y apresado. Dado que el Che se había convertido en un símbolo para los jóvenes de todo el mundo, los militares bolivianos, aconsejados por la CIA, quisieron destruir el mito revolucionario, asesinándole para después exponer su cadáver, fotografiarse con él y enterrarlo en secreto. Se salvó, sin embargo, su Diario de campaña, publicado en 1967. En 1997 los restos del Che Guevara fueron localizados, exhumados y trasladados a Cuba, donde fueron enterrados con todos los honores por el régimen de Fidel Castro

INTRODUCCIÓN AL MARXISMO

INTRODUCCIÓN AL MARXISMO Llamamos marxismo al conjunto de ideas políticas, económicas y filosóficas que nacen con la obra de Karl Marx, pero que van unidas al activismo obrero y que posteriormente han sido desarrolladas por muchos autores. El marxismo es la doctrina o cuerpo ideoógico que corona con genial coherencia las tres fuentes ideológicas más avanzadas de la Europa del s.XIX: el socialismo francés (Saint-Simon, Fourier, Proudhon), la filosofía clásica alemana (Feuerbach, Hegel) y la economía política inglesa (David Ricardo, Adam Smith). Engels llamó al marxismo o comunismo "socialismo científico", para distinguirlo de los socialismos "moderados" pequeño-burgueses, del socialismo utópico francés, o del socialismo anarquista. Hoy en día forma parte de la ideología de los principales movimientos obreros y de emancipación en todo el mundo. La idea de este texto es empezar la casa por los cimientos. No se puede hacer una lista de las conclusiones que Marx extrajo de toda una vida dedicada al estudio y la observación. Se pretende hacer un seguimiento de cómo llega a algunas de esas conclusiones, introduciendo primero los conceptos de materialismo, dialéctica, lucha de clases, plusvalía,... para poder entender mejor y más coherentemente la teoría marxista del movimiento comunista. Se ha procurado razonar organizadamente las explicaciones buscando la máxima claridad. Sin embargo es imposible tratar conceptos tan abstractos como la dialéctica o el valor y evitar que el texto tenga cierta complejidad. La lectura de un texto filosófico, económico y político, requiere una especial atención. Debe leerse bolígrafo en mano, tomar notas, contrastar, releer tanto como sea necesario, preguntar, etc. hasta extraer la idea que encierra cada frase. Dada la necesidad de recortar, resumir, omitir y simplificar: es recomendable al joven lector que desea iniciarse en el Marxismo que no consienta en quedarse en el umbral, y que tras esta vista de pájaro llegue por medio de otras lecturas y demás fuentes a profundizar más en los contenidos del Marxismo, para después poder aplicarse a su difusión, discusión y sobre todo aplicación. Marx criticó a todos los filósofos anteriores a él, que se habían limitado a interpretar el mundo, cuando lo que había que hacer era cambiarlo. Todos los comunistas tenemos claro que no basta con hacernos preguntas sobre la realidad para comprenderla, debemos transformarla. Es vital que la clase obrera y en especial la juventud estudiante y trabajadora, mantenga una actitud de lucha con espiritu internacionalista, además de la formación política necesaria para realizar una crítica fundamentada del sistema capitalista. El movimiento comunista no brotó de Marx, sino del movimiento proletario del siglo XIX, aunque él llegó a liderarlo en parte. Marx murió en plena actividad, no le pudo dar tiempo a escribir todo. Esto quiere decir que debemos tener en cuenta a todos los demás autores que han contribuído al marxismo (Engels, Lenin, Trotsky, Bujarin, Rosa Luxemburgo, Ernesto Guevara, Antonio Gramsci, Marcos, Petras, Harnecker y miles más), y además que éste debe estar permanentemente vivo, no debe aceptarse como dogma inflexibe sino que debe usarse para analizar la realidad cambiante. El marxismo deberá ser ampliado por las conclusiones que la clase trabajadora extraiga de sus nuevas condiciones materiales, en relacción con los movimientos emancipatorios de la mujer y las razas y comunidades oprimidas, los ecologismos políticos, los movimientos antimilitaristas, etc. y todos y todas debemos contribuir a este proceso de estudio, crítica y construcción. "El marxismo no es un deporte para espectadores. Debemos verificar con nuestros razonamientos las afirmaciones que contiene. Nuestra labor es aprenderlo para luego desarrollarlo". KARL MARX Nace en 1818 en Treveris (Prusia). Hijo de una familia económicamente acomodada, culta, no revolucionaria. Su padre era un abogado judío. Su hermano llegó a ministro del interior y el se casó con una amiga de la infancia que pertenecía a la aristocracia. No provenía por tanto de una familia "proletaria", aunque gran parte de su vida tanscurrió en la miseria. Esto le permitió estudiar jurisprudencia, historia y filosofía en universidades de Bonn y Berlín. Participa en el círculo de los Hegelianos de izquierda, que se esfuerzan por extraer de la filosofía de Hegel conclusiones ateas. Aún no critica seriamente a Hegel. Escribe su tesis final sobre Epicuro (materialista de la antigua Grecia). Comienza a seguir la crítica de la teología y del idealismo que hace Ludwig Feuerbach, orientándose al materialismo. Por esa época (1843) es nombrado redactor jefe de "La Gaceta Renana", periódico de izquierdas que es censurado continuamente y al final clausurado por el gobierno. Tras esta experiencia se da cuenta de que sus conocimientos sobre economía política son insuficientes y se dedica al estudio de esta ciencia. Se instala en París, donde escribe artículos para una revista clandestina, en los que se muestra más revolucionario y se dirige ya a las masas de proletarios. Un año después llega a París Friederich Engels. Se hacen íntimos amigos combatiendo el socialismo burgués y desarrollando la teoría y la táctica del socialismo proletario revolucionario o Comunismo. Expulsado de París por revolucionario, se instala en Bruselas (Holanda). Él y Engels se afilian a la clandestina Liga de los Comunistas, en cuyo 2º Congreso redactan el Manifiesto del Partido Comunista (1848). En él dan a conocer con brillante claridad una nueva visión del mundo, razonada con indiscutible coherencia, explicando el papel que juega la lucha de clases en la historia. Cuando estalla el periodo de revoluciones que confirman y difunden la teoría revolucionaria marxista, Karl Marx es expulsado sucesivamente de Bélgica, Alemania y París. Finalmente, vive exiliado en Londres, en la más absoluta miseria (que mató a varios de sus hijos), puesto que había entregado todos sus esfuerzos a la causa revolucionaria. La ayuda económica que recibe de su amigo Engels, le permite terminar su obra cumbre: "El Capital" (1867), en pleno auge de los movimientos obreros comunistas. Ese mismo año se funda la Asociación Internacional de Trabajadores, de la que fue el alma, y en la que realiza la doble tarea de unificar y a la vez combatir otros movimientos sociales: Prohudonianos, Lasalleanos semi-derechistas, Bakuninistas, tradeunionistas liberales,... Tras la caída de la Comuna de París (experimento socialista analizado por Marx en una obra de igual título), la A.I.T. se desmorona, gracias a la escisión provocada por los Bakuninistas que discrepan de la necesidad de un Partido Comunista que unifique a las masas trabajadoras y las oriente hacia la revolución emancipadora. Su entrega e intensa actividad, minaron su salud decisivamente, hasta que en 1883 murió mientras dormía en su sillón. EL MATERIALISMO La corriente filosófica que nace en Grecia con Heráclito y Epicuro, hace 2500 años, y que sitúa a la materia como elemento principal -y único- en la Naturaleza se llama Materialismo. Esta corriente está más o menos opuesta al Idealismo, que considera a la materia como un simple "reflejo" de la realidad, y tiene su apogeo con Platón (según interpretaciones clásicas) y durante toda la Edad Media. A principios del s.XIX, el materialismo supone una oposición radical a la teología y la religión, y por tanto una lucha contra las instituciones que detentaban el poder. Ésta corriente es "resucitada" por L.Feuerbach, que critica el idealismo de su colega Hegel. Posteriormente, Marx y Engels toman el materialismo de Feuerbach y aprovechan el razonamiento dialéctico de Hegel, aunque "invertido", según sus propias palabras, porque rechazan su orientación idealista. Hegel è "El pensamiento es el demiurgo de lo real" Marx è "El pensamiento no es más que lo material traducido a la mente del hombre" Demiurgo es un concepto filosófico clasico que significa "ente creador". La diferencia es clara y la polémica estaba servida. Hegel opina que el pensamiento es como un sujeto que crea el resto del mundo material, como si tuviera vida propia. Marx responde exactamente lo contrario, que el pensamiento y la conciencia son productos del ser humano, que a su vez, es un producto más de la Naturaleza. Por tanto el pensamiento es algo coherente con el desarrollo de la Naturaleza, y no una especie de presencia supra-natural, exterior y distinta a todos los demás elementos de la misma. Según Engels, "la unidad del mundo", lo que le caracteriza y nos permite hablar de "el mundo que nos rodea" sabiendo a qué nos referimos, es su materialidad. Distingue lo material de lo no material mediante el movimiento: "No existe materia sin movimiento ni viceversa", "Lo no-material no es capaz de sufrir ni provocar movimiento". La oposición principal entre Materialismo marxista e Idealismo hegeliano, el núcleo de la discusión, era el orden de la creación del mundo (como el asunto del huevo y la gallina). Según los idealistas las ideas existían anteriormente en otro mundo, que Platón sitúa "más allá del cielo", y las cosas se crean a partir de esas ideas, que actúan como "moldes" de la realidad. Según los materialistas primero existió la materia y ésta dio origen a las ideas. De ese modo se creaba una asociación entre idealismo y religión, mientras que los materialistas eran más ateos. Marx criticó también al agnosticismo, criticismo y positivismo. Según él, eran corrientes que aceptaban el materialismo pero se desvinculaban de sus consecuencias revolucionarias progresistas. Posteriormente se ha atenuado esta asociación entre religión e idealismo, porque la filosofía moderna (así como los progresos en biología, psicología y física) ha venido a demostrar que las ideas, los "conceptos", se forman a partir de la repetición de estímulos sobre nuestros sentidos. El hombre crea una idea abstracta a partir de su experiencia con el mundo material. Así se comprueba que la idea surge de la materia. Siguiendo este razonamiento, es el hombre quién ha creado a la divinidad, y no al revés. Marx expone al respecto la teoría de la alienación. La teoría de la alienación es retomada por Marx, pues estaba ya en la filosofía Hegeliana y fue Feurbach quien la asoció acertadamente a la opresión. Marx es quien explica las formas de alienación y el método para la emancipación o liberación de hombre. El hombre ha intuído su propia esencia, pero al no poder aislarla para identificarla necesita proyectarla fuera de sí y atribuírsela a un Dios creado por él, que imagina en un más allá. Así la encuentra más fácilmente, pero también se ve despojado de ella, provocando su propia alienación (la palabra viene de alienus, "ajeno"). Para Marx y Engels, lo divino no es otra cosa que la esencia del hombre como especie, mientras que lo humano es la esencia del hombre como individuo. El hombre pone sus propios atributos (inteligencia, amor, voluntad...), fuera de sí mismo, en otro ser llamado Dios. Esos atributos son lo mejor de sí mismo, y le caracterizan como especie. Por eso se produce el atropomorfismo de Dios, se le suele dar forma de hombre, y se le convierte en un ser moral dotado de la capacidad de premiar, castigar y perdonar. El hombre alienado se encuentra sometido a un poder extraño a él que lo domina y le impide ser él mismo, sujetándole a leyes impuestas. La religión es la esperanza de que en otro lugar exista la justicia que no hay en el mundo, por eso incita a soportar la opresión: "es el opio del pueblo". Puesto que el hombre necesita de una religión, el único Dios del hombre debe ser la humanidad. Según Marx, el camino de la emancipación moral es la crítica de la conciencia religiosa y la devolución al hombre de la esencia humana. Pero hay otras formas distintas de alienación. El hombre es un ser material, tiene unas necesidades que satisfacer y se ve obligado a trabajar para ello. En cierto modo, el hombre se identifica con su trabajo, y se ve reflejado en el fruto del mismo. Cuando un trabajador vende su fuerza de trabajo se deshumaniza. Se produce alienación en el momento en que al hombre ya no le pertenece su propio trabajo, como tampoco el fruto del mismo. El trabajador se ama a sí mismo, ama su trabajo cuando el mismo lo regula y disfruta la mercancía producida. Cuando se ve obligado a entregar su trabajo al patrón, se encuentra alienado y debe ser oprimido para que esa alienación se mantenga. Sólo la lucha revolucionara de la clase trabajadora conduce a la emancipación y al fin de esa opresión. Otros ejemplos de alienación es la que sufre la mujer bajo el actual sistema patriarcal, la alienación de la sociedad que entrega su propio poder al Estado y cree que lo necesita, la alienación cultural que provocan los medios de masas, etc. LA DIALÉCTICA Ésta es la formulación del desarrollo más multilateral y rica en contenido. Es una teoría que abarca prácticamente todos los campos de la ciencia, la vida, la historia y el mundo. Es tremendamente abstracta y profunda. La dialéctica surge para explicar el desarrollo de los procesos sociales, históricos, físicos, químicos,... es decir, de cualquier proceso. De ahí su carácter polivalente y universal, y la imposibilidad de contradecirla. Marx tomo la dialéctica de la filosofía Hegeliana, pero despojándola de su envoltura idealista para ponerla al servicio del materialismo. La dialéctica supone una forma de ver el mundo, no como un conjunto de objetos terminados y estables, sino como un conjunto de realidades cambiantes. Para comprender la dialéctica, debemos aceptar que absolutamente todo, tanto lo material como los conceptos abstractos, se halla sometido a un continuo proceso de cambio, de nacimiento y muerte. La dialéctica niega la existencia de realidades inmutables. Todo aquello en lo que podemos pensar sufre desarrollo y variación: las sociedades, el ideal de belleza, de justicia, el significado de conceptos como "casa", "dios", "mundo",... A lo largo de este desarrollo tarde o temprano se repiten etapas ya recorridas, pero con una base más alta, una "negación de la negación", es como un avance en espiral (en lugar de lineal o circular). ¿Cómo se produce este desarrollo? ¿Cuál es su motor? Éste es el núcleo de la cuestión, y sobre el que Marx se detiene a investigar. Según él, el desarrollo no se produce de un modo gradual, paulatinamente, si no que ocurre "a saltos", presenta discontinuidades, cataclismos, revoluciones,... Los "impulsos internos" de este desarrollo, su motor, son las contradicciones. Los choques de fuerzas en el interior de un sistema (físico, biológico, social, económico,...) le hacen avanzar a saltos. Cuando en un sistema aparece una fuerza, se encuentra con su opuesta y genera una contradicción. Esta contradicción no se disuelve, si no que su resolución requiere de la transición a otro sistema. En todo proceso se pueden distinguir tres fases dialécticas: tésis, antítesis y síntesis. No se da la tesis sin su antítesis (no existe un tú sin yo, no hay burguesía sin proletariado,etc.). La antítesis se genera por negación de la tesis, y esta oposición se supera mediante la síntesis, que no es más que la transición a un nuevo estado donde no existe la contradicción anterior (pero aparecen otras). La síntesis es la negación de la negación, que inicia un nuevo proceso. Expliquemos esto de un modo más gráfico, con dos ejemplos del propio Marx: Cuando el agua se calienta, sus partículas se agitan. Se crea entonces una contradicción: por un lado hay fuerzas que mantienen unidas a las moléculas del líquido, y por otro lado éstas necesitan cada vez más libertad para agitarse (debido al calor que reciben). Cuando el agua está a 99º no observamos ningún movimiento, pero llegados los 100º se produce una brusca resolución del proceso (no gradual), y las fuerzas intermoleculares se rompen por la agitación, el agua se evapora y las moléculas se separan. Otro ejemplo puede ser la revolución francesa. Los burgueses habían ido acumulando el poder económico desde que se establecieron por su cuenta fuera de los feudos. Llega un momento en que controlan con sus empresas todo el comercio y ostentan el poder económico en la sociedad. Pero por otro lado el poder legislativo y judicial sigue en manos de los monarcas absolutistas, que ostentan por tanto el poder político, atando de manos a la poderosa burguesía. Este tira-y-afloja se hace insostenible, y llegado el momento dicha contradicción desemboca repentinamente en la revolución burguesa de 1789, dando paso al nuevo sistema capitalista. Si aplicamos la dialéctica a la historia, veremos que es un continuo nacer y morir de sociedades, una eterna agonía de sistemas de organización social, cuyas contradicciones internas se van agudizando hasta que quienes necesitan del cambio lo llevan a cabo mediante violentas revoluciones. Por tanto, y esto es principal, el motor de la historia es la lucha de clases, el enfrentamiento de las poblaciones favorecidas por la contradicción contra las deseosas del cambio. De esta forma, Marx proporciona por primera vez una comprensión científica de la Historia, explicando la continua sucesión de métodos de producción (generación de bienes consumibles a partir de materias primas brutas): las fuerzas productivas son dinámicas (se van desarrollando continuamente, cada vez se produce más y la clase trabajadora cada vez percibe una menor parte de esta producción) y terminan por entrar en contradicción con las relaciones sociales de producción, que son estáticas (la clase capitalista posee los medios de producción y el proletariado se ve obligado a trabajar para ella, por ejemplo). Veremos esto un poco más adelante. Seguramente no es del todo correcto afirmar que "el marxismo es una ciencia", pues carece de fórmulas y tablas periódicas, pero es innegable que la dialéctica materialista aplicada al proceso histórico adquiere carácter científico, por ejemplo, permitiendo extrapolar (predecir sucesos a partir de la observación experimental). La dialéctica ha servido para explicar muchos procesos científicos, y se ha aplicado en todos los campos, nutriéndose a su vez ella misma de dichas aplicaciones, como la teoría de la evolución Darwinista, el principio de indeterminación de Heissemberg, la relatividad de Einstein, la teoría del caos, la mecánica cuántica,... UNA NUEVA VISIÓN DE LA HISTORIA: LUCHA DE CLASES. La teoría de la lucha de clases, es el hilo conductor que nos permite descubrir que la historia no es un caos donde se suceden periodos de progreso y estancamiento, revolución y reacción, guerra y paz,... sino que su desarrollo está sujeto a leyes. Hemos visto en el capítulo sobre el materialismo que la conciencia proviene de la materia, y no al revés. Del mismo modo, la conciencia social, la moral y el pensamiento dominante en cada sociedad, depende de sus características materiales. Los hombres, al convivir en sociedad, contraen necesariamente unas relaciones sociales y laborales (independientes de su voluntad) que condicionan su conciencia. La historia es una sucesión dialéctica de modos de producción (diferentes formas que tiene el hombre de organizar la fabricación de bienes y su intercambio) creados por el hombre, pero que después adquieren independencia de su control e incluso le ofrecen resistencia. El modo en que se organizan esas relaciones sociales de producción que se establecen entre los hombres es lo que Marx denomina estructura de una sociedad. La estructura es por tanto la base económica de cada sociedad (esclavista, feudal, comunal, capitalista, socialista,...), y comprende tres niveles: a) condiciones de producción (clima y riqueza natural de una sociedad); b) fuerzas de producción (grado de desarrollo tecnológico de la sociedad) y c) relaciones de producción (posesión de los medios de producción y división del trabajo en una sociedad). Sobre esta estructura y condicionada por ella, se levanta la llamada superestructura de la sociedad, que es la forma jurídico-política de cada sociedad (refleja su ideología) y depende siempre de la base estructural económica, manteniendo con ella una relación dialéctica. En eso consiste el materialismo dialéctico. Nuestros modos de pensar y de gobernarnos están condenados por el desarrollo de nuestras fuerzas productivas, por nuestro modo de producción (el capitalismo), puesto que los hombres para hacer política, además de pensar, tienen que comer. Por ejemplo, la democracia burguesa (entendida como derecho a votar) no era posible en el sistema feudal, mientras que la democracia obrera (entendida como el pueblo que realmente se autogobierna) no es compatible con el sistema capitalista actual. La actual democracia representativa burguesa se ve condicionada por la clase que tiene el poder económico, impidiendo que gobierne la clase oprimida. Sin embargo, el capitalismo no escapa a la dialéctica. Además de generar riqueza para una minoría, genera pobreza para una mayoría, creando el caldo de cultivo tanto para los fascismos y autoritarismos como para el pensamiento revolucionario. Las actuales relaciones sociales de producción implican la existencia de clases. Hay una minoría burguesa que posee tierras, fábricas, capital,... y una masa trabajadora que sólo puede vivir trabajando para la clase poseedora. Los intereses de estas dos clases son directamente opuestos, nunca podrán cooperar en la gestión. Los demás grupos sociales, el lumpen (clases marginales, mafias, ...), los profesionales independientes (que necesitan autoexplotarse), etc... no juegan ningún rol en el sistema económico a nivel mundial que rompa este binomio trabajador-capitalista. La clase oprimida, el proletariado, es la encargada de la revolución que emancipe a toda la humanidad del capitalismo. Para que la revolución se lleve a cabo, deben darse las condiciones objetivas o materiales (alto nivel de explotación y miseria) y las subjetivas o ideológicas (alto nivel de concienciación de la clase oprimida). La función de los partidos comunistas es impulsar la conciencia de clase y mantener las condiciones revolucionarias subjetivas. La revolución proletaria buscará la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, que implicará el fin de las sociedades de clases. Dará paso a la nueva sociedad comunista que tendrá que hacer frente a un nuevo tipo de contradicciones y sufrirá también su desarrollo. Ese paso del estado capitalista al estado socialista obrero, desde el que se construirá la sociedad comunista sin estado, supondrá la "humanización de la humanidad", abolirá la explotación. Durante un cierto periodo existirá una sociedad en la que no habrán desaparecido aún las clases, y en la que los proletarios mantendrán sometida por la fuerza a la burguesía y su ejército mercenario. Esta etapa se llama la dictadura del proletariado, y las generaciones crecidas en este sistema, que no tendrán el lastre capitalista en su educación, serán quienes realizarán la construcción de la sociedad sin clases. EL VALOR Empecemos a ver la economía marxista por el principio, comprendiendo el análisis que Marx hace sobre el valor de las mercancías. Toda mercancía es, en primer lugar, una cosa que satisface una necesidad humana, y en segundo lugar, una cosa que se puede cambiar por otras. Esta doble concepción de las cosas, concede a toda mercancía un doble valor: el valor de uso y el valor de cambio (respectivamente). Estos dos valores no tienen por qué coincidir. Por ejemplo: el agua tiene un enorme valor de uso (sin ella no podemos vivir, la usamos constantemente), pero un escaso valor de cambio (es muy barata). Con el diamante ocurre lo contrario, tiene un gran valor de cambio (es carísimo, una porción se puede cambiar por grandes cantidades de otras mercancías) pero poco valor de uso (apenas tiene utilidades prácticas). Dos mercancías pueden tener el mismo valor de cambio, pero el valor de uso es propio de cada mercancía. El valor de cambio o simplemente valor de una mercancía, es la magnitud que nos sirve para intercambiarla equitativamente con otras que poseen distinto valor de uso. Todas las mercancías tienen una cosa en común: son producto del trabajo. El valor de cada mercancía lo determina el trabajo que se emplea en su obtención. Cuando las sociedades comenzaron su desarrollo, se produce la división social del trabajo. Los productores se especializaron en obtener mercancías concretas: unos cazaban, otros fabricaban armas, etc. Pero luego unos necesitaban comer carne y otros necesitaban tener armas, e intercambiaban mercancías que tenían valores de uso distintos. La proporción entre dos valores de uso es el valor de cambio (por ejemplo: tres hachas por dos osos). El desarrollo de las sociedades continuó, los trabajadores se especializaban cada vez más y los intercambios se multiplicaban vertiginosamente. Surge la necesidad de regularizar el valor de cambio. No podían seguir estableciendo el valor de cada mercancía en osos y hachas. Entonces se crea una mercancía distinta, el dinero, y todas las mercancías comienzan a cambiarse por una misma, cuyo valor de uso era nulo, pero sirve para comparar los de las demás mercancías. Cuando se intercambian mercancías por medio del dinero, se equiparan los trabajos invertidos en obtenerlas. Marx dijo: "El cambio es una relación entre trabajadores, con una envoltura material". Sin embargo el trabajo puede comprarse y venderse, como una mercancía más que, como veremos en el capitulo siguiente, tiene la peculiaridad de que puede pagarse por ella menos de lo que en realidad vale (explotación): su valor de uso es muy superior a su valor de cambio. EL CAPITAL Y LA PLUSVALÍA Al principio, tras la aparición del dinero, los trabajadores producían una mercancía (carne, vegetales, herramientas,...) de la cual utilizaban una parte. El resto la vendían y con el dinero obtenido compraban las demás mercancías que necesitaban para vivir. La circulación de mercancías era M-D-M (mercancía-dinero-mercancía), primero se realizaba una venta y luego una compra. Cuando la producción de mercancías alcanza un desarrollo muy elevado, el dinero se transforma en capital. Veamos este concepto detenidamente, pues es el meollo del marxismo. La circulación de mercancías pasa a ser de la forma D-M-D, es decir: que se tiene un dinero (capital), se realiza una compra de cierta mercancía, y luego se vende esta mercancía... ¡¡y se obtiene por ella una cantidad de dinero mayor que la inicial!! Este aumento del precio de la mercancía se llama plusvalía. Pero, si no ha variado su valor efectivo, ¿de dónde sale esa riqueza?. Veamos cómo se produce el proceso D-M-D. Una persona realiza una acumulación de capital, juntando una gran cantidad de dinero, por los medios que sean. Este "acumulador" es un capitalista. Con su capital, adquiere una mercancía, que tras venderla le proporciona "misteriosamente" más dinero del que invirtió. Estudiemos el caso más claro de capitalista, el del empresario, el cual adquiere una mercancía distinta, especial, que es el trabajo. El empresario "compra" el trabajo de un obrero por un cierto numero de horas, también compra los llamados medios de producción: materias primas, herramientas para trabajarlas, local de trabajo, energía para las máquinas, etc. De esta compra obtiene un producto (fabricado por el trabajador, a partir de las materias primas y las herramientas que pertenecen al capitalista), y vende este producto a mayor precio de lo que invirtió. De esa ganancia extra, llamada plusvalía, parte se dedica al crecimiento de su empresa y parte pasa a engordar su fortuna. ¿De dónde habrá salido esta plusvalía? Evidentemente, ni las máquinas, ni el local, ni la materia prima generan riqueza por sí solos. Sólo el trabajador puede generar riqueza, cuando lleva a cabo la producción de una mercancía. El capitalista vende en el mercado la mercancía a su precio exacto, puesto que ésta tiene un valor de cambio determinado. Pero si obtiene ganancia, eso quiere decir que está obteniendo la mercancía por un precio mucho menor de su valor. Entonces, al comprar las mercancías iniciales, está pagando por alguna de ellas menos de lo que vale. ¡Está claro que no hablamos de las máquinas, sino del trabajo! No está pagando al obrero lo que realmente vale su trabajo. Un ejemplo concreto: supongamos que el/los propietario/s de una empresa vende cada silla a 2000 pts, de las cuales, 1000 se gastan en pagar la luz, el alquiler de la fábrica, la madera, etc... El carpintero cobra 3000 pts cada jornada, vende su fuerza de trabajo por ese salario. A mitad de jornada, el carpintero ha fabricado 3 sillas que se venden a 6000 pts. Descontando las 3000 que se han gastado en medios de producción, tenemos que el carpintero ha producido una riqueza de 3000 pts, que es exactamente lo que recibirá al final del día. ¡Eso significa que el resto de la jornada trabajará para el bolsillo del capitalista! Hoy en día los mecanismos de producción de la sociedad capitalista son mucho más complicados, pero la riqueza se extrae del mismo sitio, de las costillas de los trabajadores. Por supuesto que los economistas burgueses neoliberales (partidarios de la libre empresa privada) dan explicaciones distintas sobre la producción de la plusvalía. Por ejemplo, argumentan que la ganancia proviene de la competencia, que algunos capitalistas ganan con sus inversiones porque otros pierden con las suyas. Sin embargo, es evidente que si la plusvalía se generase durante la venta o la compra se mercancías, no se generaría riqueza en el mundo, sino que simplemente se desplazaría de unas manos a otras. Vivimos mucho mejor que hace 100 años, eso quiere decir que sí se genera riqueza, y por tanto que la plusvalía procede del proceso de producción de mercancía, y no del de cambio. También dicen que parte del valor procede de la máquina, y no del trabajador. Ocupémonos de desmentir esto. Imaginemos una maravillosa máquina que funcione sola y sea capaz de fabricar sillas. La máquina tiene una duración de unas 1000 horas, cuesta 1 millón, y produce 1 silla cada hora. A la máquina no se la puede forzar ni amenazar, siempre produce 1 silla cada hora y siempre cuesta millón de pts. cada 1000 horas de funcionamiento (1000 pts cada hora, más la energía). Esto redefine el valor de cambio de la silla (todo el mundo producirá al mismo coste en poco tiempo). El capitalista no podría vender la silla en el mercado por más de lo que cuesta producirla, no sería capaz de extraer plusvalía a la máquina. Otro argumento es que el de empresario es un trabajo más como cualquier otro (sin embargo los accionistas de una empresa no tienen que mover un dedo para ver como ingresan ganancias), o por ejemplo, el cuento de que el capitalista es el que asume los riesgos de crisis y quiebras al invertir el dinero que le pertenece en una empresa que dará trabajo a otros hombres. Esto es bastante ridículo. ¿A qué riesgo se refiere? ¿Al de perder todo su capital y no quedarse más que con su capacidad de trabajar? ¿Al de verse obligado a vender su fuerza de trabajo para vivir, como los demás obreros, y convertirse en un trabajador más? ¿Es que tienen que trabajar los obreros para mantener la riqueza del capitalista? EXPLOTACIÓN Y EMANCIPACIÓN Como ya hemos visto, en el capital que se invierte en la producción, se distinguen dos partes: capital constante o medios de producción (luz, máquinas, materia, etc.), con el que se obtiene exactamente lo que cuesta, y capital variable o trabajo, del que se puede obtener más de lo que se paga. Este "timo" forzado para el trabajador es lo que se llama explotación. Es falso que en la historia siempre haya habido explotados y explotadores. En distintas épocas y lugares han existido comunidades en las que no existía la propiedad privada de los medios de producción y nadie tenía que trabajar en las condiciones dictadas por el propietario de éstos. Además, ha habido formas distintas de explotación, como el exclavismo (donde no sólo el trabajo, sino la vida del esclavo pertenecía a su dueño), el feudalismo, el sistema asiático, el capitalista, etc. En el sistema actual, el capitalista puede aumentar la explotación del obrero de dos formas. Una de ellas es la plusvalía absoluta, y es más directa. Consiste en forzar a los trabajadores para que produzcan más rápido, o disminuir directamente su salario. La segunda es más indirecta y menos evidente, es la plusvalía relativa. Consiste en aumentar la producción por otros medios: mejorando las técnicas de trabajo, reorganizando la cadena, etc. De cualquier manera, el trabajador trabaja y cobra lo mismo que antes, sin embargo produce más, y por tanto recibe una porción menor de su producción, luego aumenta su explotación. La plusvalía relativa es un concepto importantísimo, pues sirve para demostrar que aunque la riqueza social aumente y todos vivimos cada vez mejor, la explotación y la desigualdad también aumentan. Hace 50 años que conseguimos la jornada de 8 horas, y aún se mantiene a pesar de que el tiempo necesario para la producción de mercancías disminuye continuamente a un ritmo de vértigo. Si hace 50 años 8 horas generaban riqueza suficiente para la clase capitalista, ahora les generan mucha más. Como acabamos de comprobar, al sistema capitalista le interesa invertir en investigación tecnológica, pues el progreso de la maquinaria le ayuda a producir más en el mismo tiempo y así aumentar la explotación. También consigue reducir la necesidad de mano de obra. Cada vez más hombres son sustituidos por máquinas en los talleres y fábricas. Lógicamente, dentro de la voraz competencia del sistema, cada capitalista quita de enmedio a muchos otros, que se arruinan. La riqueza se concentra cada vez en menos manos, a la vez que crece la masa de la miseria. A la vez aumenta la producción a un ritmo alocado, de modo que llegaremos producir más de lo que podamos consumir, puesto que al sistema capitalista no le interesa el valor de uso (para qué sirve lo que produce), sino únicamente la plusvalía (la ganancia que genera). Estas contradicciones explican las periódicas crisis que cada vez más frecuentemente azotan a la sociedad capitalista. Este tira y afloja se volverá cada vez más violento, hasta que las contradicciones se vuelvan insostenibles, y el sistema (según Marx) o bien sentirá la hecatombe en sus carnes o bien evolucionará por necesidad al socialismo o comunismo. "El capitalismo está cavando su propia tumba. La centralización de los medios de producción y la socialización del trabajo llegan a un punto en que son ya incompatibles con su envoltura capitalista. Esta envoltura estalla. Suena la hora de la propiedad capitalista. Los expropiadores son expropiados." (El Capital)

Marxismo

Marxismo Friedrich Engels Karl Marx El marxismo es el conjunto de doctrinas políticas y filosóficas derivadas de la obra de Karl Marx, filósofo y periodista revolucionario alemán, quien contribuyó en campos como la sociología, la economía, el derecho y la historia, y de su amigo Friedrich Engels, quien le ayudó en muchas de sus teorías. Engels acuñó el término socialismo científico para diferenciar el marxismo de las corrientes socialistas anteriores englobadas por él bajo el término socialismo utópico . También se emplea el término socialismo marxista para referirse a las ideas y propuestas específicas del marxismo dentro del marco del socialismo. Las raíces filosóficas del marxismo Primera edición del Manifiesto del Partido Comunista. Marx tuvo dos grandes influencias filosóficas: la de Feuerbach, que le aportó y afirmó su visión materialista de la historia, e indudablemente la de Hegel que inspiró a Marx acerca de la aplicación de la dialéctica al materialismo. Aunque para su trabajo de disertación doctoral eligió la comparación de dos grandes filósofos materialistas de la antigua Grecia, Demócrito y Epicuro, Marx ya había hecho suyo el método hegeliano, su dialéctica. Ya en 1842 había elaborado su Crítica de la filosofía del derecho de Hegel desde un punto de vista materialista. Pero a principios de la década del 40, otra gran influencia filosófica hizo efecto en Marx: Feuerbach. Especialmente con su obra La esencia del cristianismo. Tanto Marx como Engels abrazaron la crítica materialista de Feuerbach al sistema hegeliano, aunque con algunas reservas. Según Marx, el materialismo feuerbachiano era inconsecuente en algunos aspectos, idealista. Fue en las Tesis sobre Feuerbach (Marx, 1845) y La ideología alemana (Marx y Engels, 1846) donde Marx y Engels ajustan sus cuentas con sus influencias filosóficas y establecen las premisas para la concepción materialista de la historia. Si en el idealismo de Hegel la historia era un devenir de continuas contradicciones que expresaban el autodesarrollo de la Idea Absoluta, en Marx son el desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción las que determinan el curso del desarrollo socio-histórico. Para los idealistas el motor de la historia era el desarrollo de las ideas. Marx expone la base material de esas ideas y encuentra allí el hilo conductor del devenir histórico. [editar]Influencias intelectuales en Marx y Engels Marx y Engels se basaron en la filosofía alemana de Hegel y de Feuerbach, la economía política inglesa de Adam Smith y de David Ricardo, y el socialismo y comunismo francés de Saint-Simon y Babeuf respectivamente, para desarrollar una crítica de la sociedad que fuera tanto científica como revolucionaria. Esta crítica alcanzó su expresión más sistemática en su obra más importante dedicada a la sociedad capitalista, El capital: crítica de la economía política. Además de las raíces mencionadas, algunos pensadores marxistas del siglo XX, como Louis Althusser o Miguel Abensour, han señalado en la obra de Marx, el desarrollo de temas presentes en la obra de Maquiavelo o Spinoza. También diversos sociólogos y filósofos, como Raymond Aron y Michel Foucault, han rastreado en la visión marxista del final del feudalismo como comienzo del absolutismo y la separación del Estado y la sociedad civil, la influencia de Montesquieu y Tocqueville, en particular en sus obras sobre el bonapartismo y la lucha de clases en Francia. Karl Marx. [editar]La concepción materialista de la historia Véase también: Materialismo histórico. Marx resumió la génesis de su concepción materialista de la historia en Contribución a la crítica de la economía política1 (1859): El primer trabajo emprendido para resolver las dudas que me azotaban, fue una revisión crítica de la filosofía hegeliana del derecho, trabajo cuya introducción apareció en 1844 en los “Anales francoalemanes”, que se publicaban en París. Mi investigación me llevó a la conclusión de que, tanto las relaciones jurídicas como las formas de Estado no pueden comprenderse por sí mismas ni por la llamada evolución general del espíritu humano, sino que, por el contrario, radican en las condiciones materiales de vida cuyo conjunto resume Hegel siguiendo el precedente de los ingleses y franceses del siglo XVIII, bajo el nombre de “sociedad civil”, y que la anatomía de la sociedad civil hay que buscarla en la economía política. En Bruselas, a donde me trasladé a consecuencia de una orden de destierro dictada por el señor Guizot, proseguí mis estudios de economía política comenzados en París. El resultado general al que llegué y que una vez obtenido sirvió de hilo conductor a mis estudios puede resumirse así: en la producción social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una fase determinada de desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas, y se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica se transforma -más o menos rápidamente- toda la inmensa superestructura erigida sobre ella. Cuando se estudian esas transformaciones hay que distinguir siempre entre los cambios materiales ocurridos en las condiciones económicas de producción y que pueden apreciarse con la exactitud propia de las ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en una palabra las formas ideológicas en que los hombres adquieren conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo. Y del mismo modo que no podemos juzgar a un individuo por lo que él piensa de sí, no podemos juzgar tampoco a estas épocas de transformación por su conciencia, sino que, por el contrario, hay que explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción. Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más elevadas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, porque, mirando mejor, se encontrará siempre que estos objetivos sólo surgen cuando ya se dan o, por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización. A grandes rasgos, podemos designar como otras tantas épocas de progreso en la formación económica de la sociedad el modo de producción asiático, el antiguo, el feudal y el moderno burgués. Las relaciones burguesas de producción son la última forma antagónica del proceso social de producción; antagónica, no en el sentido de un antagonismo individual, sino de un antagonismo que proviene de las condiciones sociales de vida de los individuos. Pero las fuerzas productivas que se desarrollan en la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para la solución de este antagonismo. Con esta formación social se cierra, por lo tanto, la prehistoria de la sociedad humana. [editar]La economía marxista Adam Smith David Ricardo Los economistas burgueses criticados por Marx. La economía política es esencial para esta visión, y Marx se basó en los economistas políticos más conocidos de su época, los economistas políticos clásicos británicos, para ulteriormente criticar su forma de pensar. La economía política, que es anterior a la división que se hizo en el siglo XX de las dos disciplinas, trata las relaciones sociales y las relaciones económicas considerándolas entrelazadas. Marx siguió a Adam Smith y a David Ricardo al afirmar que el origen de los ingresos en el capitalismo es el valor agregado por los trabajadores y no pagado en salarios. Esta teoría de la explotación la desarrolló en El capital, investigación “dialéctica” de las formas que adoptan las relaciones de valor. En su labor política y periodística Marx y Engels comprendieron que el estudio de la economía era vital para conocer a fondo el devenir social. Fue Marx quien se dedicó principalmente al estudio de la economía política una vez que se mudó a Londres. Marx se basó en los economistas más conocidos de su época, los británicos, para recuperar de ellos lo que servía para explicar la realidad económica y para superar críticamente sus errores. Vale aclarar que la economía política de entonces trataba las relaciones sociales y las relaciones económicas considerándolas entrelazadas. En el siglo XX esta disciplina se dividió en dos. Marx siguió principalmente a Adam Smith y a David Ricardo al afirmar que el origen de la riqueza era el trabajo y el origen de la ganancia capitalista era el plustrabajo no retribuido a los trabajadores en sus salarios. Aunque ya había escrito algunos textos sobre economía política ( Trabajo asalariado y capital1 de 1849, Contribución a la Crítica de la Economía Política1 de 1859, Salario, precio y ganancia1 de 1865) su obra cumbre al respecto es El capital. El capital ocupa tres volúmenes, de los cuales sólo el primero (cuya primera edición es de 1867) estaba terminado a la muerte de Marx. En este primer volumen, y particularmente en su primer capítulo (Transformación de la mercancía en dinero), se encuentra el núcleo del análisis marxista del modo de producción capitalista. Marx empieza desde la "célula" de la economía moderna, la mercancía. Empieza por describirla como unidad dialéctica de valor de uso y valor de cambio. A partir del análisis del valor de cambio, Marx expone su teoría del valor, donde encontramos que el valor de las mercancías depende del tiempo de trabajo socialmente necesario para producirlas. El valor de cambio, esto es, la proporción en que una mercancía se intercambia con otra, no es más que la forma en que aparece el valor de las mercancías, el tiempo de trabajo humano abstracto que tienen en común. Luego Marx nos va guiando a través de las distintas formas de valor, desde el trueque directo y ocasional hasta el comercio frecuente de mercancías y la determinación de una mercancía como equivalente de todas las demás (dinero). Así como un biólogo utiliza el microscopio para analizar un organismo, Marx utiliza la abstracción para llegar a la esencia de los fenómenos y hallar las leyes fundamentales de su movimiento. Luego desanda ese camino, incorporando paulatinamente nuevo estrato sobre nuevo estrato de determinación concreta y proyectando los efectos de dicho estrato en un intento por llegar, finalmente, a una explicación integral de las relaciones concretas de la sociedad capitalista cotidiana. En el estilo y la redacción tiene un peso extraordinario la herencia de Hegel. La crítica de Marx a Smith, Ricardo y el resto de los economistas burgueses residen en que su análisis económico es ahistórico (y por lo tanto, necesariamente idealista), puesto que toman a la mercancía, el dinero, el comercio y el capital como propiedades naturales innatas de la sociedad humana, y no como relaciones sociales productos de un devenir histórico y, por lo tanto, transitorias. Junto con la teoría del valor, la ley general de la acumulación capitalista, y la ley de la baja tendencial de la tasa de ganancia, son otros elementos importantes de la economía marxista. [editar]Análisis de clases Los marxistas consideran que la sociedad capitalista se divide en clases sociales, de las que toman en consideración principalmente dos: La clase trabajadora o proletariado: Marx definió a esta clase como «los individuos que venden su mano de obra y no poseen los medios de producción», a quienes consideraba responsables de crear la riqueza de una sociedad (edificios, puentes y mobiliario, por ejemplo, son construidos físicamente por miembros de esta clase; también los servicios son prestados por asalariados). El proletariado puede dividirse, a su vez, en proletariado ordinario y lumpenproletariado, los que viven en pobreza extrema y no pueden hallar trabajo lícito con regularidad. Estos pueden ser prostitutas, mendigos o indigentes. La burguesía: quienes «poseen los medios de producción» y emplean al proletariado. La burguesía puede dividirse, a su vez, en la burguesía muy rica y la pequeña burguesía: quienes emplean la mano de obra, pero que también trabajan. Éstos pueden ser pequeños propietarios, campesinos terratenientes o comerciantes. Para el marxismo, el comunismo sería una forma social en la que la división en clases habría terminado, la estructura económica sería producto de «la asociación de los productores libres», y la producción y distribución de los bienes se efectuaría según el criterio «de cada cual de acuerdo a su capacidad; para cada cual según sus necesidades». [editar]El marxismo y la religión El marxismo ha sido tradicionalmente opuesto a todas las religiones. Marx escribió al respecto que "el fundamento de la crítica irreligiosa es: el ser humano hace la religión; la religión no hace al hombre" y la frase cuyo final se haría célebre: La miseria religiosa es, por una parte la expresión de la miseria real y, por la otra, la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, así como es el espíritu de una situación carente de espíritu. Es el opio del pueblo.2 La referencia al opio ha prestado a una interpretación vulgar ya que éste no es -como suele suponerse- un estupefaciente ni tampoco un alucinógeno, sino un narcótico analgésico. Este equívoco del lector contemporáneo ha derivado en una confusión frecuente respecto de la sentencia marxista. La cita completa revela el por qué de la referencia a un opiáceo: jamás pretende que la religión se considere una forma de degradación intelectual ni tampoco una mera ilusión generada por las clases dominantes (interpretación no marxista que suprimiría la idea que éste tenía de la ideología, esto es, la ilusión de universalidad dentro de cada clase), sino que la religión sea, por el contrario, el anestésico necesario de la sociedad entera frente a la alienación social y de las clases oprimidas frente a sus condiciones materiales de existencia. En Marx, la crítica de la religión no es una defensa del ateísmo, sino la crítica de la sociedad que hace necesaria a la religión. La supresión de estas condiciones y la realización plena de la comunión humana se desvincula de la condición biológica, proyectándose "al cielo" como intervención divina en una parusía futura, particularmente en el especial caso del cristianismo,3 en vez de construirse políticamente mediante la abolición de la propiedad privada y la división del trabajo. El fundamento filosófico del rechazo marxista de la religión ha estado vinculado al desarrollo del materialismo dialéctico por parte de Engels y Lenin. En cualquier caso, ha habido diversos teóricos que consideran que ser marxista y religioso es compatible. Dentro de ellos se puede señalar al irlandés James Connolly y a diversos autores dentro de la teología de la liberación como Camilo Torres y Leonardo Boff. Pero la crítica teórica hacia cualquier religión se basa en que ésta es concebida como el resultado de la producción de la superestructura de la sociedad, es decir, de la fabricación de ideas ideológicas que se hace una sociedad sobre sus propios modos de producción económicos. Así, la religión siempre es una concepción de ideas políticas que tienden a reafirmar la estructura económica existente. Los textos marxistas donde se puede encontrar información sobre la concepción marxista de la religión son: La ideología alemana de Marx y Engels, y La filosofía como arma de la revolución de Louis Althusser. Marx describe a la religión como un ente alienador, el cual le pone como meta alcanzar a Dios, situación imposible para un humano pues Dios es la esencia humana deificada, es decir: la humanidad le ha dado sus mejores características a Dios. La religión haría conformista al hombre y lo obligaría a no luchar en este mundo, pues este es solo un preludio del verdadero. La síntesis cristiano-marxista de los teólogos de la liberación replica que el marxismo no implica este aserto y que, de ser así, también las clases dominantes impregnadas de espíritu religioso serían conformistas respecto de su existencia material e incluso serían pasivas frente a un conflicto con otras clases sociales. Para estos, en cambio, la religión -y en particular la cristiana- siempre exige una lucha en este mundo en función de una comunidad religiosa: sea con o sin clases dependiendo de cómo se la entienda políticamente. Debe recordarse que para el catolicismo la resurrección es el regreso al edén en la tierra y que, aunque dependa de Dios, ningún esfuerzo individual tendría sentido si estuviera coronado por una muerte sin retorno (incluso si la realización plena de la humanidad pudiera hacerse sólo socialmente y no biológicamente como en la resurrección cristiana), ya que la salvación de cada hombre de acuerdo a su esfuerzo dentro del alienado mundo presente sólo puede ser asegurado con la eternidad y la participación en el mundo venidero. Esto es igualmente cierto tanto para el ideario de autorrealización personal de la derecha cristiana (calvinista o al menos reconciliada con la burguesía), como para la lucha de clases de la izquierda cristiana (marxista o no), como para las originarias posiciones ascéticas y apolíticas del cristianismo primitivo. Estas últimas en particular dieron forma estamental a la dicotomía interna entre la vida económica y la religiosa del occidente medieval extramundano y a su peculiaridad histórica de fusión entre "sociedad civil" y "sociedad política" descrita con atención por Marx en su obra Sobre la cuestión judía, cuya visión llegaría, junto con la opuesta de Nietzsche, a Max Weber, y que entroncaría en el debate marxista-weberiano sobre la influencia económica de la religión. En su versión más ortodoxa, la interpretación marxista de la religión sería la de una forma de alienación cuya consecuencia para el hombre sería perder sus virtudes para adjudicárselas a un inventado ser supremo. Según Karl Marx, esto es lo que ocurriría en particular con la religión monoteísta: el hombre toma toda virtud que posee y toda idealización metafísica posible, y se la atañe a un ser supremo de su propia creación, devaluándose a sí mismo y dedicando su ser y propio destino a su voluntad y una trascendencia irreal posibilitada por su existencia. [editar]Partidos, movimientos y gobiernos inspirados en el marxismo Mao Zedong (China) Vladimir Ilich Lenin (URSS) León Trotsky (URSS) Iósif Stalin (URSS) Desde la muerte de Marx en 1883, varios grupos del mundo entero han apelado al marxismo como base intelectual de sus políticas, que pueden ser radicalmente distintas y opuestas. Una de las mayores divisiones ocurrió entre los reformistas, también denominados socialdemócratas, que alegaban que la transición al socialismo puede ocurrir dentro de un sistema pluripartidista y capitalista, y los comunistas, que alegaban que la transición a una sociedad socialista requería una revolución para instaurar la dictadura del proletariado. La socialdemocracia resultó en la formación del Partido Laborista y del Partido Socialdemócrata de Alemania, entre otros partidos; en tanto que el comunismo resultó en la formación de varios partidos comunistas; en 1918 en Rusia, previo a la formación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, dimanan 2 partidos del Partido Obrero Social Demócrata de Rusia: el Partido Comunista, formación comunista, y el Partido Social Demócrata de Rusia. Aún sigue habiendo muchos movimientos revolucionarios y partidos políticos en todo el mundo, desde el final de la Unión Soviética, aunque el internacionalismo obrero ha sufrido una grave crisis. Aunque hay partidos socialdemócratas en el poder en varias naciones de Occidente, hace mucho que se distanciaron en aspectos relevantes de sus lazos históricos con Marx y sus ideas. En la actualidad en Laos, Corea del Norte, Vietnam, Cuba, la República Popular China y Moldavia hay en el poder gobiernos que se autoproclaman marxistas. Muchos gobiernos, partidos políticos, movimientos sociales y teóricos académicos han afirmado fundamentarse en principios marxistas. Ejemplos particularmente importantes son los movimientos socialdemócratas de la Europa del siglo XX, el bolchevismo ruso, la Unión Soviética (Lenin, Trotsky, Stalin) y otros países del bloque oriental, Mao Zedong, Fidel Castro, Ernesto "Che" Guevara, Santucho, Kwame Nkrumah, Julius Nyerere, Thomas Sankara y otros revolucionarios en países agrarios en desarrollo. Estas luchas han agregado nuevas ideas a Marx y, por lo demás, han transmutado tanto el marxismo que resulta difícil especificar el núcleo de éste. Actualmente las transformaciones socio-económicas han obligado a repensar al marxismo en una línea llamada posmarxismo en la cual se encuentran autores como Ernesto Laclau y Chantal Mouffe. La Revolución de octubre de 1917, encabezada por los bolcheviques (cuyas figuras principales eran Vladímir Lenin y León Trotsky) fue el primer intento a gran escala de poner en práctica las ideas socialistas de un Estado obrero. Se suceden otra serie de gobiernos o dobles poderes obreros de relativamente breve duración, impulsados por revueltas proletarias con activa participación de los partidos comunistas locales, inspirados en el modelo de república de consejos obreros. La mayoría de estos son aplastados por las fuerzas de la reacción capitalista de las distintos gobiernos y potencias burguesas y fracasan. Son el caso de la Revolución de noviembre de 1918, encabezada por los espartaquistas en Alemania, la República Soviética Húngara de 1919, la República Soviética Bávara de 1919, el bienio rojo o movimiento de consejos de fábrica del norte de Italia de 1919 a 1920, el Sóviet de Nápoles, la República Socialista Soviética Galiciana en 1920, la República Popular Soviética de Bujara de 1920 a 1925, la República Socialista Soviética de Persia o República Soviética de Gilan, de 1920 a 1921, etc. Tras morir Lenin, Iósif Stalin se había hecho con una gran concentración de poder en sus manos en el seno del Partido Comunista y del Estado soviético, el cual fue fortaleciendo en detrimento de los propios soviets (ya de por sí debilitados durante el hambre, la bancarrota económica y las masacres ocasionadas por la Guerra Civil Rusa). Hasta su muerte, numerosas purgas se vivieron en la URSS, bajo consignas tales como la "lucha contra el trotskismo", "los sabotajes", o "los agentes del fascismo", en las que se logró inhabilitar a los principales elementos críticos del PCUS y la sociedad soviética, muchos de ellos comunistas, testigos directos de la Revolución y opositores en mayor o menor medida a la deriva burocrática y la concentración de poderes que se estaba generando en seno de la URSS, encarnada en una casta de funcionarios y burócratas del partido, cuya divergencia de intereses respecto a la clase trabajadora y el peligro que entrañaban para la revolución obrera comienzan a manifestarse desde la primera mitad de los años 20, aún en vida del propio Lenin. Dichas purgas sólo logran fortalecer el poder de la nueva dirección del PCUS, encabezada ahora por Stalin, y pronto se extenderán a las secciones nacionales del Komintern, que, a nivel internacional, comienza a ser dirigido desde el comisariado de asuntos exteriores en Moscú. Aunque llevaron a cabo pequeñas aportaciones teóricas al marxismo, Stalin y sus seguidores se caracterizan por haber dado cobertura ideológica a sus métodos y posicionamientos tácticos y políticos, encaminados al fortalecimiento del control sobre los medios de producción y administración del Estado por parte de la burocracia y dirección central del partido, a través de la falsificación o la adaptación de los principios ideológicos del marxismo y del leninismo a sus propios fines. Esto derivará en un sistema de gobierno y pensamiento formulado bajo el nombre de marxismo-leninismo y la teoría del socialismo en un solo país, también llamado estalinismo, considerado por sus críticos marxistas como un alejamiento o distorsión de los postulados y principios de la tradición marxista y pensadores como Marx, Engels o Lenin; particularmente insistentes en esta postura son aquellas corrientes basadas en los planteamientos de Trotsky y Lenin (trotskismo) y las del denominado comunismo de izquierda, el marxismo libertario o el comunismo de consejos, también críticos en este sentido con la denominada corriente del leninismo (y por ende el trotskismo). A raíz de la muerte de Stalin, esta burocracia termina por acaparar el poder y afianzarse en la llamada nomenklatura. Ésta comenzará a medio plazo un proceso de progresiva liberalización de la economía, que culminará con la perestroika. Al final de la II Guerra Mundial se produjo una expansión, por la vía militar, del poder político de la URSS, que se consolidó mediante el establecimiento de los llamados Estados satélites o del Pacto de Varsovia, en los países del Este que quedaron bajo su zona de influencia tras los acuerdos de Yalta y de Potsdam. Estos Estados reprodujeron estructuras políticas y sociales y tipos de economía y de gobierno muy similares a los de la Unión Soviética. Fueron gobernados mediante la formación de Partidos Comunistas, encuadrados en la Komintern, y adscritos a las fórmulas del marxismo-leninismo oficial. Algunos de los partidos adscritos a la Internacional Comunista que llegaron a formarse por sí mismos, lograron a la postre tomar el poder a través de insurrecciones guerrilleras y, en algunos casos, con bastante apoyo popular, y establecer un estado que seguía el modelo marxista-leninista oficial. Estas naciones comprendían a la República Popular China, Vietnam, Corea del Norte, Yugoslavia, Albania, Etiopía, Yemen del Sur, Angola, y otros. Después de la invasión militar por parte de Vietnam de Kampuchea Democratica, gobernada por el Jemer Rojo, un gobierno de estructura similar a aquél será establecido en Camboya. En Chile, el gobierno de la Unidad Popular, encabezado por Salvador Allende, que duró desde 1970 hasta el golpe de estado de 1973, tenía una fuerte inspiración marxista. Si bien cambió radicalmente la formas de lucha conocidas al concretar un gobierno por la vía electoral, la revolución a la chilena buscaba la transformación de la sociedad hacia el socialismo. Al mismo tiempo, la coalición que llevó a Allende al gobierno estaba construida por la unión del Partido Comunista y el Partido Socialista, ambos declarados marxistas-leninistas en ese tiempo. En 1991, la Unión Soviética se disolvió y el nuevo Estado ruso ya no se identificó con el marxismo. Otras naciones del mundo siguieron el mismo camino. Actualmente el socialismo científico ha dejado de ser una fuerza política prominente en la política mundial. China, donde gobierna el Partido comunista chino, relajó su concepción económica del marxismo en 1978 avanzando progresivamente hacia un sistema económico más cercano al libre comercio. Este proceso continúa hoy en día. Desde el comienzo de la democrácia en España, en 1975, el PSOE se presentó a las elecciones como un partido Marxista, proclamandose primera fuerza de oposición en el gobierno hasta que en 1982, con Felipe González a la cabeza, abandonaron su postura Marxista, ganando las elecciones. [editar]Críticas al marxismo Artículo principal: Críticas al marxismo. El marxismo, tomado como cosmovisión, implica por su propia naturaleza un sistema de pensamiento y un sistema de organización política dirigido a la realización particular y socialmente consciente de un orden social mediante la planificación central de la economía (p.e. un socialismo políticamente establecido) que según éste es un necesario paso de la historia del hombre. El marxismo funciona, según su propia doctrina, a manera de catalizador e impulsor de la transición para la clase que de otra manera no podría ver edificado para sí el socialismo y la realización posterior del comunismo. Es por esto que es difícil de separar a sus más importantes críticos en categorías, siendo que estos se han confrontado por separado o a la vez con los regímenes marxistas instaurados por diferentes partidos únicos, usualmente comunistas, con los movimientos que los llevaron al poder y con la teoría marxista del mundo (i.e., el materialismo dialéctico y el materialismo histórico), sin que nunca termine de quedar suficientemente claro si estos tres aspectos del marxismo son verdaderos corolarios. En términos generales se puede, sin embargo, diferenciar a efectos prácticos las críticas al marxismo por las disciplinas de estudio más comprometidas en ellas. Antropológicamente, el marxismo se confrontaría con el darwinismo quien rechazaría que dicha teoría se analogara con el materialismo histórico4 y con Sigmund Freud quien llegaría decir que "las obras de Marx, como una fuente de revelación, han tomado el lugar de la Biblia y el Corán, a pesar de que éstas no están más libres de contradicciones y oscuridades que aquellos antiguos libros sagrados"5 En contraposición a la antropología del americano Lewis H. Morgan que Marx y Engels hicieran suya en El origen de la familia y según la cual todas las economías primitivas serían de carácter comunista, la antropología contemporánea de autores como Bronisław Malinowski y Fustel de Coulanges entre otros, presenta una visión casi opuesta del origen de la propiedad privada, que es resumida en la obra del historiador Richard Pipes Propiedad y libertad. Respecto de la noción marxista de "ideología de clase", el autor liberal-conservador Kenneth Minogue fue uno de los primeros en invertirla en La teoría pura de la ideología, volviendo contra las propias doctrinas sistémico-clasistas (que tratan de "ideológico" a todo pensamiento) la acusación de reificación ideológica por parte de intereses revolucionarios en una lucha de clases cuya existencia no puede ser puesta en duda sin apelar a una instancia neutral. El sociólogo clásico Max Weber continuaría la afirmación de Engels acerca de la evolución propia, autónoma e interactiva de cada uno de los factores determinantes del progreso histórico,6 pero insistiría en que no podría haber entonces un determinante económico-tecnológico de última instancia: si se acepta, con Engels, que la historia es la suma de todos estos factores entonces necesariamente la influencia recíproca de fuerzas en un todo debe implicar que, si la religión y la cultura no se adaptan necesariamente a la producción económica, la economía como producción debe adaptarse a estas. Implícitamente en su obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo se demostró la independencia de la superestructura ideológica respecto a la infraestructura tecnológica, tesis usualmente malentendida como una suerte de reverso del marxismo, como sí sería el caso del espiritualismo histórico de Werner Sombart. Esta exposición weberiana creó un cisma dentro de la sociología académica respecto del marxismo más dogmático, y la apertura a posiciones más complejas como la del historiador Eric Hobsbawm o las amistosamente separadas del marxismo como las esbozó el sociólogo analítico Charles Wright Mills. El economista y sociólogo austríaco Joseph Schumpeter revisó los orígenes del capitalismo y rechazó la noción marxista de acumulación originaria como una contradicción autorreferente que requiere capital inicial para la actividad de una supuesta burguesía violenta originaria. A su vez, el institucionalista Douglass North ha ofrecido en sus estudios una revisión paralela de la historia del capitalismo que ha sido tenido muy en cuenta entre los historiadores marxistas. La deontología marxista respecto de la praxis revolucionaria se enfrentaría a serios problemas filosóficos que intentarían ser resueltos por pensadores como Sartre desde una vía existencialista. Éticamente Marx llegó a considerar que "un fin que requiere medios injustificables no es un fin justificable",7 sin embargo dentro del marxismo como sistema la moral es en sí misma consecuencialista ya que en éste los fines juzgan a los medios,8 luego toda justificación depende de su funcionalidad para un fin determinado (fin que tampoco es juzgado desde un set de principios morales salvo el interés "históricamente determinado" de un grupo de pertenencia: en su caso, una clase social). Contra este historicismo predeterminado (con sus contradicciones éticas para un interés individual enfrentado al interés del progreso histórico), el epistemólogo y filósofo Karl Popper realizaría sus más agudas críticas en La sociedad abierta y sus enemigos, obra que podría considerarse a su vez una de las principales réplicas globales al marxismo, y que junto con las objeciones de Bertrand Russell sería la más representativa de entre las críticas epistemológicas al marxismo como un "dogma reforzado" imposible de ser puesto a prueba mediante falsación, lo que llevaría a muchos marxistas a volcarse a una posición epistemológica en las ciencias en general cercana a la de Thomas Kuhn por la cual las contradicciones del marxismo deberían ser probadas dentro de la misma teoría, y no frente a hechos que serían en sí expresiones de una carga teórica previa. En lo económico, V. K. Dmitriev en 18989 y Ladislaus von Bortkiewicz en 1906-0710 y subsecuentes críticos expusieron que la teoría del valor de Marx y su ley de tedencia a la baja en la tasa de beneficio eran internamente inconsistentes. Como contrapropuesta, los más importantes economistas marxistas y/o sraffianos, tales como Paul Sweezy, Nobuo Okishio, Ian Steedman, John Roemer, Gary Mongiovi y David Laibman, propusieron sus propias versiones correctas de lo que debería ser la economía marxista abandonando como inadecuado el intento de Marx en El capital para el mismo fin, confrontándose así con los marxistas que defienden a aquel y que en respuesta se apoyan en una segunda teoría desarrollada a fines del siglo XX para interpretar, según ellos en forma más adecuada, las últimas obras de Marx.11 En el ambiente académico las críticas a la teoría económica de Marx derivaron principalmente de su incompatibilidad (nunca resuelta por ninguna de las partes) con los descubrimientos microeconómicos del marginalismo. El conflicto con la visión marxista de la producción tomó forma en la obra de dos de los más importantes sistematizadores del marginalismo, representantes de las variantes austríaca y británica: primero Eugen von Bohm-Bawerk, que dirigiría las más conocidas críticas a la teoría del valor-trabajo y con ésta la explotación por adquisición de plusvalía, tanto dentro de la teoría marxista12 como desde el subjetivismo austríaco (por el cual incluso los costos dependen de la demanda); y luego Alfred Marshall que insistiría en la utilidad del capital y la gestión en la creación del valor,13 así como la consideración de la demanda como autónoma de la oferta aunque ésta se reconozca determinada por los costos. Desde la macroeconomía, John Maynard Keynes llegaría a decir que El capital era "un manual obsoleto" al cual no sólo encontraba "científicamente equivocado sino además sin interés o aplicación para el mundo moderno", consideración que Joan Robinson criticaría como consecuencia de una pobre lectura de Marx, así como de Say. Una aproximación macroeconómica compatible con el marxismo fue esbozada por el economista polaco Michał Kalecki. Respecto a la aplicación práctica del método marxista y a sus resultados políticos, las críticas usuales han sido menos a la doctrina marxista y más a los aspectos empíricos contra el movimiento Comunista y sus regímenes. Estas críticas se sostienen en términos humanistas y objetan el sacrificio en vidas humanas en persecuciones sociales y políticas, y además sólo se han dirigido al fenómeno totalitario como una situación circunstancial impuesta deliberadamente por los dirigentes marxistas, o sea, como un fenómeno aislado o al menos aislable de la teoría. Sin embargo algunas de estas críticas han tenido una dimensión teórica (especialmente por parte de liberales clásicos como Mises, Hayek, Isaiah Berlin y Raymond Aron, y anarquistas como Proudhon, Bakunin, Piotr Kropotkin y Noam Chomsky)14 según las cuales el fracaso político del totalitarismo, la interdependencia entre la falta de propiedad personal y libertad personal, el colapso de la planificación centralizada de la economía y la doctrina marxista-leninista serían elementos inseparables y codependientes, por lo cual, o la teoría marxiana del progreso histórico debe de estar equivocada y la dictadura científica pasaría a ser una profecía autocumplida con resultados perjudiciales para la clase obrera, o bien la noción de un "necesario progreso histórico" puede ser mayormente verdadera pero sin embargo el marxismo la habría malinterpretado a su favor: ésta última opción sería planteada por el heredero de la crítica hegeliana al marxismo de Alexandre Kojève, el neoconservador Francis Fukuyama. Finalmente, diversos autores de orientación centrista y socialdemócrata han hecho profundas reflexiones críticas de las bases filosóficas del marxismo, a saber Jürgen Habermas,15 Hannah Arendt,16 Anthony Giddens, y particularmente –por recordar las implicancias de que las relaciones sociales de producción no pueden determinar la superestructura jurídico-política ya que la presuponen– el jurista y pensador político Hans Kelsen quien, en su libro La teoría comunista del derecho y el Estado, realizaría la que tal vez pueda considerarse la objeción más incisiva a casi todos los aspectos relevantes de la doctrina marxista, tanto en sus facetas políticas, su teoría jurídica e institucional, social y económica